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¿Es confiable el padrón electoral?

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Las dudas sobre el padrón electoral, muchas veces basadas en mitos, son una de las principales fuentes de la desconfianza de una parte de la ciudadanía en los procesos electorales en Bolivia. Desde ya hace tiempo, se menciona que el registro de electores administrado por el Tribunal Supremo Electoral (TSE), denominado usualmente como padrón electoral, sería inexacto, estaría “inflado” indebidamente y hasta incluiría “muertos que votan” o “falsos” ciudadanos. En todo caso, más allá de tales falacias, una auditoría integral realizada por expertos de la OEA certificó el año 2017 que el padrón boliviano es confiable. Hoy se gestiona una nueva auditoría internacional.

Un padrón electoral es básicamente un registro administrativo de las personas habilitadas para emitir su voto. Se dice que es “administrativo” porque requiere la presencia física y voluntaria del empadronado ante una autoridad electoral para registrarse y luego ir actualizando su información a lo largo del tiempo. Por tanto, su evolución depende de procedimientos y comportamientos colectivos que no son automáticos y que pueden generar distorsiones.

A lo largo de su historia, el padrón boliviano tuvo que enfrentar grandes retos: por ejemplo, la gran cantidad de “indocumentados” que no podían participar por esa razón en las elecciones o las personas inscritas con diversos tipos de documentos de identidad, situación muy común a inicios de este siglo.

Incluso hoy es poco corriente que las personas informen oportunamente a las autoridades de sus cambios de residencia por migración interna o externa o incluso el fallecimiento de alguno de sus familiares.

Por todas esas razones, el padrón siempre tuvo y tendrá “impurezas”, siendo su depuración, saneamiento y actualización un desafío permanente de las autoridades electorales. A medida que se modernizan los sistemas de registro civil, de identificación personal y de registro electoral, ese fenómeno se irá reduciendo.

La tendencia del padrón electoral

Hay que tomar en cuenta que para que una persona efectivice su voto y este sea contabilizado, no sólo tiene que estar inscrita en el padrón. Debe necesariamente presentarse personalmente en el centro de votación, mostrar su identificación personal y sobre todo ser validada por los miembros de la mesa que cuentan para ello con un documento con foto impresa de cada elector.

Por esa razón, la construcción y utilización de un registro biométrico desde el año 2009, que permite contar con información digitalizada de las huellas y del rostro de todos los electores, constituye una garantía crucial para la fiabilidad de los procesos electorales.

Un indicador de la calidad del padrón es su correspondencia con las proyecciones demográficas de población en edad de votar, es decir con 18 años cumplidos. Al respecto, las tendencias del crecimiento del padrón desde 1989 hasta 2020 son claras: en ningún momento el número de inscritos superó la proyección demográfica de personas en edad de votar a nivel nacional. Decir lo contrario (“hay más votantes que población”) es una falsedad. De igual manera, la cantidad de personas que fueron finalmente a emitir su voto en las urnas siempre fue inferior a las empadronadas y a las que teóricamente tenían derecho a hacerlo.

Esas tendencias se repiten también, a groso modo, a nivel municipal, salvo algunas variaciones debido a migraciones y recomposiciones de población internas que suelen ser más comunes y visibles en el corto plazo en los niveles locales. Por ejemplo, es frecuente que en municipios con actividad minera o de extracción de algún recurso natural existan poblaciones “flotantes” que varían significativamente de un año al otro.

Un aspecto muy discutido en ciertos círculos es el supuesto “inusual” crecimiento del padrón en 2009, cuando este registro aumentó en más de un millón de empadronados con motivo de la construcción del primer padrón biométrico. La explicación de “esa anomalía” es obvia: ese año se realizó un operativo excepcional que permitió la incorporación de cientos de miles de bolivianos y bolivianas que no estaban siendo considerados anteriormente porque no tenían documentos y/o vivían en zonas de difícil acceso y sin servicios públicos.

Es decir, ese crecimiento es más bien una evidencia de la capacidad del Estado para garantizar derechos ciudadanos a compatriotas, anteriormente excluidos, la mayoría de ellos habitantes en zonas vulnerables y con complejas historias migratorias.

Para mayor información se recomienda consultar el documento del OEP titulado “Evolución histórica del crecimiento del Padrón Electoral: Mitos y realidades”, publicado en la revista Andamios (número 10, octubre 2021, página 117). En este importante texto se explican a detalle las características del padrón electoral, cómo sus registros van cambiando y los factores que intervinieron históricamente en su crecimiento. Se desmontan también, con evidencia y datos, varios mitos sobre el padrón electoral boliviano.

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