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¿Son fiables las encuestas?

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Todos tenemos opiniones y percepciones sobre lo que ocurre a nuestro alrededor, que si son compartidas por muchas otras personas configuran puntos de vista colectivos. Estos pueden referirse a muchos tipos de situaciones y fenómenos: preferencias de consumo, condiciones de vida y opiniones sobre la política, por mencionar algunos.

Las encuestas de opinión pública son una de las técnicas de investigación más usadas para analizar la opinión pública. Esta técnica consiste en aplicar un cuestionario de preguntas a un grupo de personas que debería ser “representativo” del conjunto de la población de la cual deseamos conocer sus puntos de vista. A eso le llamamos “una muestra”.

El cuestionario se puede aplicar mediante entrevistas presenciales (“cara a cara”), por teléfono o por internet. Esas respuestas se agregan asumiendo que se trata de estimaciones confiables de lo que responderían todos los miembros de la población si pudiéramos consultarles.

Este método de investigación de la opinión pública se utiliza cada vez más en medios de comunicación y sobre todo en periodos electorales. En Bolivia, su uso antes de las elecciones es importante y sus instrumentos están variando de acuerdo al avance de la tecnología: en los comicios presidenciales de 2019 se realizaron 18 estudios de este tipo y 13 en 2020. En ese año, se incrementó mucho la cantidad de encuestas realizadas por medio de teléfonos celulares.

¿Qué es una muestra representativa?

Para que un grupo reducido de personas entrevistadas sea realmente “representativo” de toda la población, se debe aplicar principios y técnicas estadísticas y científicas sistemáticas en la selección de esos individuos y en el levantamiento de la información.

Para ello, la selección de la “muestra” debe hacerse mediante técnicas probabilísticas que garanticen que todos los individuos de la población tengan una probabilidad estadística conocida de ser seleccionados. La manera más simple de operar este método consiste en elegir aleatoriamente a los individuos de la población que serán encuestados. Esto permite, además, calcular un “margen de error” y un “nivel de confianza estadístico” de los resultados de la investigación.

Por ejemplo, si se desearía contar con una muestra representativa de la población boliviana adulta se tendría que seleccionar al azar a 1.500 o 2.000 personas en todo el país para ser entrevistadas. Como ese procedimiento es muy difícil, lo que se suele hacer es una selección por etapas: primero se elige aleatoriamente localidades en todo el país, luego barrios o comunidades al interior de las mismas y finalmente hogares específicos que serán visitados por un encuestador.

Existen otras maneras, no probabilísticas, de construir una muestra representativa, por ejemplo, en base a criterios del investigador, eligiendo a personas que cumplan ciertos rasgos o cualidades (“cuotas”) de la población estudiada, de manera que haya en el grupo proporciones similares de individuos de las edades, género o condición social prevalecientes en la población total. En ese caso no se puede estimar niveles de error o de confiabilidad estadística.

Por tanto, una encuesta científica y representativa requiere siempre el uso de métodos estadísticos en su realización, no basta con consultar a mucha gente en lugares donde hay concentración de personas (mercados o plazas), en redes sociales o en medios de comunicación.

Confiar en el error

Si se lograra entrevistar a toda la población, el error estadístico sería muy próximo a cero. Como sólo podemos aplicar el cuestionario a “una muestra”, siempre habrá un margen de error, es decir, desviaciones de nuestras estimaciones con relación a los valores reales existentes en la población. El “nivel de confianza” es el grado de certeza (o probabilidad), expresado en porcentaje, con el que realizamos la estimación de ese parámetro.

Veamos un ejemplo para entender mejor estos conceptos: si nos dicen que una encuesta de intención de voto tiene un margen de error de 3% para un nivel de confianza de 95%, eso significa que, si esa encuesta dice que el candidato X tiene un 30% de intención de voto, la intención de voto real de la población total se ubicará entre 27% y 33% (intervalo de confianza) y que hay un 95% de probabilidades de que estemos acertando con esa estimación.

En síntesis, los resultados de una encuesta nunca serán exactamente iguales a los que prevalecen en la población. Para reducir ese error, se precisa una muestra probabilística de un tamaño suficiente para garantizar un nivel de error muestral reducido.

Por ejemplo, para explorar características de la población en edad de votar de Bolivia, de alrededor de 7 millones de personas, se necesitaría una muestra aleatoria simple de alrededor de 2.400 personas considerando un error de 2% con un nivel de confianza de 95%. Si deseamos que el error sea de 2% con un nivel de confianza (certeza) del 99%, la muestra debería aumentar a 4.100 personas.

La “foto” de un momento dado

Además de un correcto diseño de la muestra, hay otros aspectos que se deben cuidar al realizar una encuesta para que sea fiable. Hay sesgos que podrían aparecer en la interacción entre el entrevistador y el encuestado, en la comprensión de las preguntas o la “no respuesta”. Pueden existir también problemas de transcripción de cuestionarios, de rechazo de la encuesta y su posterior “remplazo” con métodos adecuados de supervisión de los encuestadores y de honestidad de quienes los elaboran.

De igual modo, hay fenómenos psicosociales que pueden introducir desviaciones, como la “espiral del silencio” (cuando el encuestado oculta ciertas opiniones que entiende que son minoritarias o controvertidas) o el sesgo “de cortesía” (cuando responde a cualquier pregunta, aunque no la entienda o no conozca el tema).

Como la fotografía de una rosa que florece, un colibrí que se posa sobre un estanque o un niño que ríe mientras juega, una encuesta muestra la captura de un momento, la foto de un contexto dado; es decir, representa a la realidad, una realidad cambiante, pero no por eso menos precisa o contundente, que para poder obturar y capturarla debe tener en cuenta sus desafíos, sesgos y fenómenos y contar con el lente adecuado.

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