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La encuesta como “bola de cristal” electoral

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Suele ser ya un lugar común evaluar la fiabilidad de las encuestas electorales a partir de su capacidad para “predecir” el resultado final de la contienda. Si la diferencia entre la estimación de las encuestas y el resultado del cómputo oficial es grande, se las descalifica e incluso se sugiere que habrían estado manipuladas.

Hay que precisar que estos instrumentos no están diseñados para “predecir” la evolución futura de ninguna opinión o decisión. Una encuesta electoral indaga las “intenciones de voto” sobre candidatos en un determinado periodo de tiempo. Suponiendo que ese levantamiento haya sido realizado con estándares técnicos aceptables, sus informaciones son sólo representativas de ese momento y se refieren a una decisión potencial aún no concretizada.

Desde el momento en que se miden esas “intenciones” hasta la jornada de votación pueden pasar muchas o pocas cosas, las tendencias se pueden confirmar o incluso cambiar. Por lo tanto, una comparación entre la estimación de una intención de voto y los resultados finales de los comicios es discutible.

Si bien no se les puede exigir a los estudios de opinión pública una estimación exacta del resultado, las tendencias que describen no deberían ser excesivamente diferentes. En el cuadro se compara las encuestas publicadas dos semanas antes de los comicios presidenciales de 2005, 2009, 2014 y 2021, que tenían representatividad urbana y rural, con los resultados oficiales de esos procesos a nivel nacional (sin considerar el voto en el extranjero).

 

Los datos: encuestadoras en el ring

Las encuestas tuvieron un nivel de exactitud razonable en 2009 y 2014. En promedio, sus desviaciones (-3,6% y +5,3%) no se alejaron demasiado de los márgenes de error muestrales de las encuestas (en torno a +/-2,5% en promedio). En ambos casos, todas acertaron en el ganador (el MAS) aunque subestimaron levemente su nivel de votación en 2009 y la sobreestimaron en 2014.

En las elecciones de 2005 y 2020 se produjeron las desviaciones más grandes de la historia de las encuestas bolivianas: se subestimó el resultado del candidato ganador en promedio en un 10,2% en 2005 y un 12,9% en 2020, valores muy elevados. Casi todas las encuestadoras acertaron en el ganador, pero tuvieron niveles altos de inexactitud sobre su votación e incluso una de ellas señaló que podría producirse un “empate” entre el primer y segundo candidato. 

Esas diferencias de desempeño no parecen tener mucho que ver con la metodología de levantamiento de la información: CIESMORI tuvo un resultado algo menos distorsionado siendo un sondeo telefónico frente a Tu Voto Cuenta e IPSOS que hicieron levantamientos presenciales. En cambio, Mercados y Muestras, que era telefónica, fue la que tuvo mayor error.

Revisando varias evidencias, las inexactitudes en las encuestas en la elección de 2020 habrían estado en buena medida vinculadas a un contexto sociopolítico muy polarizado e incierto que incentivó la indecisión en algunos segmentos significativos de votantes y el “voto oculto” en un porcentaje elevado de electores del MAS. En eso, dichos comicios se parecieron mucho a los de 2005, en los que también las encuestadoras se equivocaron bastante en sus estimaciones.

Por otra parte, el uso de sondeos telefónicos en la mayoría de las encuestas de intención de voto realizadas en 2020, debido a las restricciones de la pandemia, complicó aún más la situación profundizando, en algunos casos, los sesgos de subrepresentación de ciudadanos de menor escolaridad en las muestras y/o facilitando las “no respuestas” de los que no querían revelar sus preferencias.

Este balance sugiere que es injusto pedirles a las encuestas que nos den el resultado exacto de una elección futura, pero se debe reflexionar sobre las razones de los errores excesivos que se produjeron en 2005 y 2020, algunos de los cuales no tienen que ver con manipulaciones o mala fe, sino con problemas técnicos y de contexto.

Los conteos rápidos: mayor fiabilidad

El desempeño de las encuestadoras no fue tan negativo en el ámbito de los conteos rápidos, es decir, en la medición de una muestra representativa de actas de cómputo oficiales en las mismas mesas donde son elaboradas por los jurados electorales el día de las elecciones. Este método permite contar con estimaciones de su resultado en la misma noche de la votación con un margen de error pequeño, no mayor a +/-1% según la literatura especializada.

El siguiente cuadro indica que las dos entidades que las llevaron a cabo en 2020, CIESMORI y Tu Voto Cuenta, obtuvieron resultados bastante cercanos al cómputo oficial, con desviaciones no mayores al +/-2,3%. Ratifican en ese sentido la validez del método, que ya había sido utilizado en Bolivia en anteriores procesos con resultados de similar precisión. Además, tienen la virtud de despejar la incertidumbre de la población dando una proyección fiable del resultado en el mismo día.

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