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El desencanto democrático

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Son tiempos difíciles para la democracia en América Latina y en Bolivia. Los recientes datos de la encuesta Latinobarómetro, realizada en 17 países de la región, muestran un panorama inquietante sobre los sentimientos de las y los latinoamericanos respecto de su democracia.

Una manera usual de medir el nivel de apoyo de la ciudadanía a la democracia consiste en preguntarles si ese régimen “es preferible a cualquier otra forma de gobierno”, en contraste con los que piensan que “en algunas circunstancias un gobierno autoritario es preferible” o que les “da lo mismo un gobierno democrático que uno autoritario”.

En 2024, el porcentaje de latinoamericanos que piensa de esa manera fue de sólo 48%, menos de la mitad de los entrevistados, el nivel más bajo desde que se hace esa encuesta (1996). Muy por debajo de los momentos históricos en los que alcanzó el mayor nivel de apoyo: a fines del siglo XX o entre 2009-2010, años en los que casi dos tercios opinaban que la democracia era el régimen político preferible.

La caída en esa preferencia fue importante y sostenida desde 2009, pasando de 63% a alrededor del 48-49%, incluso antes de la pandemia. Hay pues razones de fondo de la desafección y desencanto de los ciudadanos con la democracia, no únicamente los malestares que generó el COVID y la cuarentena.

¿Cómo estamos en Bolivia?

Las opiniones de los bolivianos y bolivianas no se diferencian demasiado de la tendencia en la región. Hay momentos en los que somos más pesimistas, por ejemplo, a inicios de este siglo cuando el país enfrentaba grandes conflictos; o más optimistas, como en los primeros diez años del gobierno del MAS (2006-2016). Desde 2016, la situación se fue deteriorando, pasando de 64% a 49% de personas que dicen preferir la democracia.

Según un reciente estudio de opinión pública realizado por la FES (Diagnosis, noviembre de 2023), solo el 16% de los bolivianos afirma hoy que “en algunas circunstancias un gobierno autoritario es preferible” y a un significativo 27% le da “lo mismo un gobierno democrático que uno autoritario”. Son proporciones muy parecidas a las que existen en otros países de la región.

Esos sentimientos se acompañan de una muy fuerte insatisfacción con el funcionamiento de la democracia, es decir con sus resultados y la manera como es manejada por políticos y autoridades. A nivel regional, en 2023, solo el 28% de latinoamericanos dijo sentirse satisfecho, muy por debajo del 45% que decía eso en 2009. Hay una proporción baja de satisfacción (entre 22-26%) desde el 2018, antes de la pandemia. La situación económica parece influir mucho en esta opinión.

Como se ve, Bolivia no escapa de lo que perciben otras ciudadanías de la región, al parecer cuando comienza a haber hambre y crisis, se aceptarían gobiernos “no tan democráticos” en sus acciones pero que aseguren (al menos discursivamente) mejores días.

Las tendencias son similares, aunque algo más marcadas: en los últimos treinta años hubo periodos de gran satisfacción y otros de mucha insatisfacción. Los momentos en Bolivia en que la gente estaba más contenta con el funcionamiento de su democracia sucedieron cuando se aprobó la nueva Constitución en 2009 y durante los años del auge económico en 2015-2016.

Luego la satisfacción se redujo cada año, alcanzando su más bajo nivel en el pasado 2023, en el cual apenas un 22% de ciudadanos dice sentirse satisfecho, un 65% se declara insatisfecho y un 13% dice ser “indiferente”. Es preocupante que el país nuevamente esté en una situación en la que prevalece, al mismo tiempo, una fuerte insatisfacción y un bajo apoyo a la democracia. Esa combinación solo existió a inicios de este siglo cuando el país vivió una larga crisis política y económica.

Las opiniones de la ciudadanía y de las dirigencias son sensiblemente diferentes en estos temas. Comparando los datos de encuestas y estudios sobre las percepciones de líderes de opinión (como el estudio Delphi de la FES, diciembre de 2023), vemos que las dirigencias son mucho más positivas sobre el funcionamiento de la democracia, casi la mitad (43%) están satisfechas en relación al 21% que registran las encuestas de ciudadanos. Algo similar sucede cuando se les pregunta sobre su régimen político de preferencia o sobre si los partidos son necesarios.

Como era de esperarse, las dirigencias y líderes de opinión son más institucionalistas que el ciudadano común y corriente. Pero, es importante que se tome en cuenta el notorio malestar con la democracia que se está instalando en gran parte de la sociedad latinoamericana y boliviana desde antes de la pandemia.

Texto: Raquel Orozco, Gráficos: Armando Ortuño

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