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El día después de la bonanza

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Durante varios años, la economía boliviana fue una suerte de modelo realzado por diferentes analistas y anhelado por varios países. La estabilidad, el crecimiento, el acceso a divisas, créditos y facilidades permitieron que millones de bolivianos y bolivianas en la última década y media pudieran mejorar su situación personal, familiar e incluso profesional. Muchos salieron de la pobreza y en general disminuyeron las desigualdades en el país.

Sin embargo, en un nuevo contexto, hoy se plantea la necesidad de cambios en el modelo socioeconómico boliviano en varios aspectos. Ante los hechos recientes que hicieron tambalear muchas certezas, pareciera que la economía es una de ellas.

La consulta Delphi de la FES realizada a líderes de opinión bolivianos en septiembre de 2023 muestra que el temor en el ámbito económico se refiere a una combinación de posible devaluación, mercado paralelo del dólar, poco crecimiento y, en menor medida, mayor inflación. La mayoría de ellos piensa que la escasez de dólares no es un tema sólo coyuntural, pues un 68% opina que ese problema no se resolverá hasta fin de año.

Pensando en el futuro, una gran mayoría (76%) siente que hay problemas de fondo estructurales que se deben resolver para que la economía mejore. Solo un 5% opina que la industrialización es la solución a los problemas, la mayoría piensa que es insuficiente o que no resolverá la situación. Hay expectativa sobre los beneficios de la explotación del litio, pero un 61% piensa que los ingresos serán importantes recién desde el 2026 y un 31% incluso declara no saber cuándo se los recibirá. En general, hay mucha preocupación sobre el rumbo que tomará la economía.

Hay casi consenso en que deben hacerse por lo menos algunos cambios al actual modelo económico y social: el 95% piensa que debe haber cambios en el modelo socioeconómico. El 82% cree que habría que cambiar “mucho” o “algo” y el 17% “poco” o “nada”.

En cuanto a las principales modificaciones que habría que impulsar, las cuatro medidas más mencionadas son el redimensionamiento de la inversión pública en función de las prioridades nacionales, una reducción del gasto corriente en el Estado, incentivar la inversión privada nacional y generar alianzas público-privadas. Llama la atención el muy bajo porcentaje de líderes de opinión que dicen que se deben privatizar las empresas públicas, modificar la política cambiaria o flexibilizar el mercado laboral. El dato interesante es que los cambios propuestos más relevantes pueden realizarse dentro actual modelo, y no transitando necesariamente a otro diferente, que además no se visualiza aún con claridad. No hay, pues, una mayoría favorable al retorno al pasado neoliberal.

En todo caso, lo cierto es que para los entrevistados parece evidente que las “vacas gordas” terminaron y que (como en otros ámbitos) el país necesita innovar en el manejo económico buscando soluciones adecuadas a los tiempos que corren.

Texto: Raquel Orozco, Gráficos: Armando Ortuño.

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