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Camino al pesimismo

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Los líderes de opinión bolivianos consolidan una percepción sobre la situación del país que en el presente no es la mejor. El 63% de los informantes calificados consultados en septiembre de este año mediante el estudio Delphi de la FES Bolivia, considera que el país va por mal camino, apenas unos puntos por debajo del 68% registrado en junio, que fue el más elevado en lo que va del presente gobierno y que no se había visto desde el periodo de Jeanine Áñez.

En diciembre de 2020, dos meses después de las elecciones generales en las que Luis Arce fue electo presidente con el 55% de votos, la percepción del rumbo del país ascendió al 45%, siendo la más positiva hasta el presente. Cinco meses después, bajó cerca de 10 puntos.

Durante más de dos años, los sentimientos positivos se estabilizaron en torno al 40% hasta que ocurrió un múltiple acontecimiento: el conflicto de octubre de 2022 por el Censo de Población y Vivienda, las disputas internas en el Movimiento al Socialismo (MAS), hechos de corrupción y problemas relacionados con la economía. Los últimos tres hechos se profundizaron aún más durante el año 2023, provocando un alza de los que piensan que el país va por mal camino hasta superar el 60% en junio y septiembre de este año.

La tendencia indica que, entre los líderes de opinión, al igual que en la población, se va instalando un clima de pesimismo, incertidumbre y preocupación por el futuro. Aunque no se alcanzaron los niveles de insatisfacción del gobierno transitorio de Áñez, estos indicadores se deterioraron y es el peor momento desde que empezó la gestión presidencial de Arce, ya que la percepción de que el país va por buen camino continuó descendiendo hasta llegar a un quiebre con sólo un 19% y 24%, respectivamente, en junio y septiembre de este año.

Deterioro de la situación política

En cuanto a lo político, se registra una mejoría moderada en esa percepción durante el periodo posterior a las elecciones de 2020 entre octubre y diciembre de ese año, cuando sube de niveles muy bajos de valoración de la situación política a un poco más optimista 25%; que coincide con un fuerte descenso del porcentaje de líderes que perciben una mala situación política hasta un 27%, el más bajo de los últimos cuatro años y del gobierno de Arce.

Posteriormente hay una cierta estabilidad en la percepción política positiva hasta marzo de 2023, incluso durante el periodo de conflictos de octubre de 2022. Desde fines del año pasado, la opinión de que la situación política es mala escaló de un 35% a un 51% en junio y un 53% en septiembre, posiblemente debido a la profundización del conflicto interno del MAS y los problemas en la Asamblea Legislativa para la aprobación de leyes importantes.

Leve mejora de la percepción en lo económico

En cuanto a la percepción sobre la economía, si bien había una percepción muy negativa a partir de la cuarentena por la pandemia de Covid-19, luego fue la dimensión con menor percepción optimista por parte de los líderes consultados a diciembre de 2020 después del cambio de gobierno. Durante los siguientes dos años se mantuvo en una cauta pero constante alza, alcanzando un 39% hasta los conflictos por el censo en octubre de 2022 y a partir de allí comenzó la caída hasta un muy bajo 9% de percepción positiva asociado a un 51% de opinión negativa en junio de 2023.

Pese a una leve mejora de los sentimientos entre junio y septiembre de este año, reflejada por una disminución del porcentaje de consultados que dicen que la situación es mala (bajó de 51% a 38%), el pesimismo persiste. Comparativamente, esta es la dimensión que más cayó en este año reflejando un cambio evidente en las opiniones consultadas sobre la estabilidad económica del país y un aumento visible de la preocupación entre los entrevistados.

El saldo hasta el momento

En comparación con el gobierno de Áñez donde había un sentimiento pesimista en las tres dimensiones, la gestión de Arce comenzó con gran expectativa sobre todo en las dimensiones de rumbo del país y situación política, continuó con cierta estabilidad pese a los conflictos y con números ascendentes en el aspecto económico; pero en los tres casos, a partir de octubre de 2022, los indicadores positivos decrecieron hasta junio de 2023 y se estabilizaron en septiembre en un nivel pesimista, que es el espejo del aumento de preocupaciones sobre la economía, casos de corrupción y los conflictos políticos.

Este deterioro rápido y fuerte de las expectativas y opiniones, sobre todo en lo que concierne al rumbo económico, es crítico para el gobierno, cuya elección en 2020 de alguna manera se basó en la promesa de retorno a la estabilidad económica y la promesa de “salir adelante”. La persistencia de un clima pesimista debería preocupar porque afecta a las expectativas económicas y es una variable central de la popularidad del presidente.

Texto: Raquel Orozco, Gráficos: Armando Ortuño.

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